Contratos digitales, la guía

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Judit Llordés
@juditllordes
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Il contrato digital se trata de un acuerdo, también conocido como contrato telemático, que encuentra su razón de ser en la mejora a distancia. Jerga contrato en línea, fue creado para dar respuesta a las necesidades que surgieron dentro del desarrollo de la web y la comunicación. Hoy en día, de hecho, son muchas las empresas que deciden confiar en empresas que se ocupan de servicios legales para empresas, a menudo también por cuestiones relacionadas e inherentes a los contratos digitales.




De hecho, los acuerdos ahora se celebran electrónicamente para la mayoría de los casos, lo que requería un negocio legal capaz de seguir el progreso evolutivo social.

gracias a contrato telemático, los contratistas no están obligados a reunirse para firmar el contrato, ya que como veremos, el contenido del mismo se perfecciona a través de diferentes formas (como la firma digitalizada).

el caso legal

En primer lugar, al celebrar un contrato, no es importante que las partes involucradas sean necesariamente personas físicas o jurídicas. Basta con tener capacidad de obrar para poder celebrar un acuerdo vía web que sea efectivo legal. No se trata de un negocio jurídico previsto por el código civil, por lo que su caso se remite al principio de autonomía de la negociación.


Hasta ahora todo normal, de no ser por la demostración de la autenticidad, integridad y propiedad del documento, para la celebración del contrato. Y esto se hace mediante la llamada firma digital.

En la compañia

Al ser una figura contractual particular, para que su contenido sea válido para todos los efectos legales, el contrato digital debe contar con una firma. Al tratarse de un negocio jurídico que se perfecciona a distancia, su contenido debe ser autenticado mediante la denominada firma digital, regida por CAD (Código de Administración Digital), que entró en vigor en 2005.



Es el artículo 21 de la DAC el que establece la vigencia de un documento firmado digitalmente, reconocido como auténtico a menos que haya una denuncia de falsificación. En resumen, la firma digital tiene validez legal como la firma manuscrita. Únicamente que se adjunte a un documento electrónico, del cual dará fe de la veracidad, autenticidad y autoría de quien lo firma.


Cabe señalar que firma electrónica y firma digital no son sinónimos. El CAD distingue las dos figuras y habla de firma digital para describir un tipo particular de firma cualificada basada en un sistema de claves criptograficas, una pública y otra privada, correlacionadas entre sí, que permite al titular de una firma electrónica a través de la clave privada y a un tercero a través de la clave pública, respectivamente, divulgar y verificar el origen e integridad de un documento electrónico o de un conjunto de documentos informáticos.

La firma electrónica, por su parte, es el conjunto de datos en forma electrónica, que se utilizan como herramienta de identificación informática. Por lo tanto, también se puede incluir la bandera sobre la aceptación de los términos y condiciones. en el comercio electrónico. Es el tipo de firma más débil en el sentido legal porque no garantiza la autenticidad de la firma.

Las cláusulas abusivas

El alcance de este tipo de contratos es muy complejo, dado que muchas dudas lo atenazan ley sobre la posible presencia de cláusulas abusivas.


Estos últimos suelen, para ser válidos, requerir la presencia de una doble firma, ya que el suyo es un contenido que limita la libertad de una de las partes. A falta de la segunda firma, la cláusula no tiene valor, al menos según los dictados de la Código Civil.



¿Significa esto que el acoso no puede incluirse en un contrato digital? La jurisprudencia al respecto toma tres posiciones diferentes.

Según una primera interpretación jurisprudencial, sólo el consentimiento prestado, por ejemplo en un contrato de compraventa, puede ser considerado como segunda firma. Haber aceptado ciertas condiciones establecidas por la otra parte en el contrato es suficiente para considerar válidas las cláusulas abusivas.

Si bien esto puede parecer una solución válida, todavía parece hacer agua de todas las cubiertas en caso de pleito, ya que sin el consentimiento guardado no hay prueba de la aceptación de los términos y condiciones.

Una segunda interpretación cree en cambio que basta insertar en los términos y condiciones las palabras "se aceptan expresamente las cláusulas..." para asegurar que el acoso tiene valor. Finalmente, un último camino seguido por la jurisprudencia prevé que las cláusulas vejatorias deben aceptarse expresamente con base en la legislación del código civil.

La firma debe realizarse mediante la firma digital específica en cada cláusula abusiva del contrato digital. La mayoría de las sentencias hasta la fecha avalan la tercera versión, es decir, aquella por la cual se debe colocar la firma digital en cada cláusula vejatoria.

Sujetos que pueden utilizar un contrato digital

En cuanto a los sujetos que pueden beneficiarse de los contratos firmados digitalmente, como ya se mencionó, no importa si son personas físicas o jurídicas. De hecho, sería un buen hábito, dada la importancia que la tecnología ha asumido en la vida cotidiana, que toda empresa aprenda a estar al día dotándose de dispositivos que le permitan poner una firma digital en los contratos.


Conclusiones

En efecto, hoy vivimos en un contexto de vida en el que incluso los negocios jurídicos tradicionales hasta ahora empleados y previstos por nuestro ordenamiento jurídico merecen ser revisados ​​y actualizados.


Por ello, el uso del contrato digital será cada vez más popular, al igual que las relaciones laborales que se desarrollan a distancia. Un ejemplo trivial que muchas veces nos afecta a todos son los contratos telemáticos con compañías telefónicas que dan servicios de ADSL e internet, o cuando compramos suscripciones a revistas online o al equipo de fútbol favorito… cada uno de ellos incluye un contrato para firmar “Virtualmente” desde una distancia.

Paralelamente al uso del contrato digital, la firma electrónica también debe convertirse en una herramienta de reemplazo válida, a través de la cual se puedan celebrar acuerdos y transacciones digitales con total seguridad. Y seguro que no será el problema de las cláusulas vejatorias lo que ralentizará el avance de los contratos telemáticos, que tarde o temprano pasarán a formar parte de nuestro código civil.

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